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Extranjerismos

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Extranjerismos      Quienes me conocen y han leído esta columna, pueden dar fe de que no soy muy dado a utilizar palabras de otros idiomas, pues prefiero las del nuestro, al que le he dedicado gran parte de mi vida. Eso no significa que sea xenófobo ni  sienta animadversión por lo que proceda del exterior, dado que a veces es indispensable apelar a ciertos recursos lingüísticos foráneos para comunicarnos. De hecho, el idioma español está amalgamado con palabras y expresiones que llegaron de otras latitudes y que posteriormente se lexicalizaron. En varias ocasiones me he referido  al tema, y hoy volveré sobre él con la intención de dejar claro que no cuestiono el uso de palabras  foráneas por el mero hecho de serlo, sino el abuso en el que incurren algunas personas, que  por ignorancia o colonialismo lingüístico, desechan  lo nuestro. A eso,  Mario Briceño Iragorry lo  llamó pitiyanquismo y lo definió como la imitación servil ...

¡Una vez más el cuarto árbitro!

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¡Una vez más el cuarto árbitro!       No soy comentarista deportivo ni p retendo usurpar la función de quienes  se desempeñan en esa faceta de la locución, en la que lamentablemente abundan los disparateros, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente. Hago esta salvedad en virtud de que el año pasado escribí una crítica sobre la pobreza del lenguaje deportivo e inmediatamente saltaron algunos que se sintieron aludidos y quisieron desvirtuar el comentario; pero no mostraron argumentos, sino que recurrieron al descrédito y a otras acciones que desdicen de su condición de comunicadores sociales del micrófono. Incluso, unos intentaron persuadir a un supuesto gremio de locutores deportivos, a pronunciarse en mi contra, pues habían sido ofendidos. Hoy, a riesgo de las reacciones que pudiera motivar este artículo, debo decir que no son muchas las contribuciones que los comentaristas y narradores deportivos le hacen al lenguaje. Y ...

¿Mata e hiere? ¡No lo creo?

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¿mata e hiere? ¡no lo creo?      Muchas veces por el deseo de hacer las cosas bien, y que además es nuestra obligación moral, incurrimos en errores por tratar de evitarlos. Esa práctica es muy común en el lenguaje escrito, y ocurre con mucha frecuencia, sobre todo en periodistas de sucesos que, en aras de que su relato quede impecable, sin darse cuenta caen en impropiedades por querer evitarlas, máxime cuando narran situaciones en las que algún sujeto le causa heridas a alguien y a la vez mata a otro u otros. El fenómeno se conoce como ultracorrección, y voy a explicarlo con el ejemplo que sirve de título a este artículo, dado que de cuando en cuando algún fulano “mata a una persona  e hiere a varias”.           Antes debo responder una inquietud del colega locutor y compañero en el quehacer de la palabra, Alí Domingo Oviedo, quien desde hace varios días me había sugerido que hablara sobre la palabra alternativa...

¡No aperture su cuenta, ábrala!

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                                           ¡No aperture su cuenta, ábrala  En el bachillerato nos han enseñado que las palabras surgen por derivación o por composición. Sin embargo, hay muchas personas que, de manera muy ingenua, piensan que la Real Academia Española, reunida en un salón, es la que acuña las palabras. Nada más lejos de la realidad, toda vez que el único creador es el pueblo hablante, que por necesidad expresiva, las inventa. A finales de los años ochenta apareció el fax e inmediatamente hubo la necesidad de adoptar un vocablo que designara la acción de hacer y enviar copias por medio del hilo telefónico. De allí nació el verbo faxear. Más tarde llegaron el chat y el twitter, y fue impostergable crear los verbos chatear y tuitear, que  por cierto aparecen en la más reciente edición del Drae, bautizada en octubre del año pasado. En la entrega de...

Errores y horrores

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Errores y horrores       Algunos estudiosos del idioma aseguran que escribir correctamente no es una gran virtud, pero no hacerlo, es un gran defecto que denota poca preocupación en el uso correcto. Con lo primero no estoy de acuerdo, pues escribir con propiedad es una característica que muy pocas personas poseen,  que proporciona  gran estima y confiere  distinción ante  aquellas que por diversos factores, sus errores se tornan en horrores. Hay quienes escriben avril, estasionamiento, felisidad, paiz, univercidad, en lugar de abril estacionamiento, felicidad, país y universidad. Poseen una verdadera antología del disparate, con el agravante de que no lo admiten. En el caso de los errores ortográficos, lo primero que debe hacerse para eliminarlos,  es aceptar que se tienen, pues de lo contrario, jamás  podremos  librarnos  del estigma de una mala escritura. Hoy voy  a mostrarles otra pequeña  lista de  los...

A y ha

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 a y ha      La mayoría de las impropiedades en el diarismo está en  el mal manejo de las preposiciones, uso inadecuado del verbo en gerundio y en el desconocimiento del género de las palabras. Hay periodistas que tienen dificultad para establecer la concordancia verbal y nominal e incurren en faltas que desdicen de su formación como comunicadores sociales, pese al largo tiempo que llevan ejerciendo el oficio. Sobre cada una de estas situaciones he escrito en reiteradas ocasiones. Hoy les hablaré sobre la preposición “a”, habida cuenta de los errores que se comenten por no saber usarla. En el primer artículo de esta columna, publicado hace más de veinte años, me referí al tema de una manera muy somera; pero en esta entrega mostraré otro enfoque que contribuya con disipar las dudas que pudieran subsistir.      Antes de entrar en materia, les informo que el taller de ortografía y redacción que dictaré en Acarigua-Araure, fue pospues...

History Channel y la experticia

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 history channel  y la experticia      Me es placentero tener siempre presente, que muchos de los comentarios vertidos en esta columna, han surgido de consultas de personas que utilizan el lenguaje como herramienta básica de trabajo y que han comenzado a valor la importancia de hablar y escribir con propiedad. Es justo reconocer que ha surgido un gran interés por las cuestiones lingüísticas, lo cual se evidencia en la aparición en las redes sociales y en otros medios, de publicaciones contentivas de lecciones gramaticales con las que muchos ciudadanos han disipado sus dudas, aunque subsisten algunos vicios que se han vuelto crónicos e imposibles de suprimir, como el caso de la palabra experticia como sinónimo de experiencia, a lo que me he referido en varias ocasiones, siempre con ejemplos prácticos, tomados del habla cotidiana. No obstante lo cual, hay quienes, al creerse poseedores de un gran léxico, hablan de que “fulano de tal tiene  expertici...