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Errores y horrores

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Errores y horrores       Algunos estudiosos del idioma aseguran que escribir correctamente no es una gran virtud, pero no hacerlo, es un gran defecto que denota poca preocupación en el uso correcto. Con lo primero no estoy de acuerdo, pues escribir con propiedad es una característica que muy pocas personas poseen,  que proporciona  gran estima y confiere  distinción ante  aquellas que por diversos factores, sus errores se tornan en horrores. Hay quienes escriben avril, estasionamiento, felisidad, paiz, univercidad, en lugar de abril estacionamiento, felicidad, país y universidad. Poseen una verdadera antología del disparate, con el agravante de que no lo admiten. En el caso de los errores ortográficos, lo primero que debe hacerse para eliminarlos,  es aceptar que se tienen, pues de lo contrario, jamás  podremos  librarnos  del estigma de una mala escritura. Hoy voy  a mostrarles otra pequeña  lista de  los...

A y ha

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 a y ha      La mayoría de las impropiedades en el diarismo está en  el mal manejo de las preposiciones, uso inadecuado del verbo en gerundio y en el desconocimiento del género de las palabras. Hay periodistas que tienen dificultad para establecer la concordancia verbal y nominal e incurren en faltas que desdicen de su formación como comunicadores sociales, pese al largo tiempo que llevan ejerciendo el oficio. Sobre cada una de estas situaciones he escrito en reiteradas ocasiones. Hoy les hablaré sobre la preposición “a”, habida cuenta de los errores que se comenten por no saber usarla. En el primer artículo de esta columna, publicado hace más de veinte años, me referí al tema de una manera muy somera; pero en esta entrega mostraré otro enfoque que contribuya con disipar las dudas que pudieran subsistir.      Antes de entrar en materia, les informo que el taller de ortografía y redacción que dictaré en Acarigua-Araure, fue pospues...

History Channel y la experticia

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 history channel  y la experticia      Me es placentero tener siempre presente, que muchos de los comentarios vertidos en esta columna, han surgido de consultas de personas que utilizan el lenguaje como herramienta básica de trabajo y que han comenzado a valor la importancia de hablar y escribir con propiedad. Es justo reconocer que ha surgido un gran interés por las cuestiones lingüísticas, lo cual se evidencia en la aparición en las redes sociales y en otros medios, de publicaciones contentivas de lecciones gramaticales con las que muchos ciudadanos han disipado sus dudas, aunque subsisten algunos vicios que se han vuelto crónicos e imposibles de suprimir, como el caso de la palabra experticia como sinónimo de experiencia, a lo que me he referido en varias ocasiones, siempre con ejemplos prácticos, tomados del habla cotidiana. No obstante lo cual, hay quienes, al creerse poseedores de un gran léxico, hablan de que “fulano de tal tiene  expertici...

Etcétera y entre otros

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etcétera y entre otros      Muchas veces, por un mero prurito exhibicionista, algunas personas suelen hablar de cosas que no conocen, y por lo general siempre quedan mal. Por norma, no hablo de lo que no sé, y aunque tenga una noción sobre algún tema, prefiero admitir el desconocimiento. En varias ocasiones he recibido consultas sobre asuntos lingüísticos a los que ha sido necesario dedicarles bastante tiempo de investigación, en aras de satisfacer las inquietudes. Nunca abordo temas que no maneje con facilidad. Cuando hay  alguno  complicado, trato de asimilarlo, para luego ofrecer una respuesta que sea entendible y que disipe las dudas. Hace varios años un educador, con la intención de mostrarme sus conocimientos lingüísticos y metodológicos, me aseguró que la palabra etcétera había sido eliminada. Interesado en saber quién, cómo y cuándo había ocurrido la eliminación, le pedí que por favor me argumentara su opinión, y simplemente no supo darme la r...

¡Un vaso de agua, por enésima vez

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¡un vaso de agua, por enésima vez!      El tema de hoy lo he tratado varias veces en esta  columna, y a pesar de ser  sumamente sencillo, muchas personas se escandalizan  y  advierten  que no debe decirse vaso de agua, sino con agua, pues estos estos no están construidos de agua. No se percatan de que  hay bolsas de hielo, platos de sopa,  ventiladores de techo, relojes de pared, mesas de noche, y ninguno está construido del material que sugiere la preposición “de”.  A los que no conocen el asunto, no les queda otra opción que aceptar la reprimenda. Volveré una vez más sobre el asunto, con la intención de disipar las dudas, habida cuenta del creciente interés del público lector por adquirir facilidad en el manejo del lenguaje escrito y oral, indispensable para aquellos que se precian de comunicadores sociales y educadores.        Antes de entrar en materia les informo que el taller de ortogra...

Para Thelmo y Andrés

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para thelmo y andrés      Luego del artículo de la semana pasada, dedicado a la redundancia y al  pleonasmo, recibí dos interesantes observaciones, a las que voy a darles  respuesta, en virtud de honrar el objetivo de esta columna, creada para contribuir con el mejoramiento del lenguaje escrito y oral. La primera fue de mi amigo y compañero  columnista Thelmo Travieso, quien  me señaló la falta de ejemplos sobre el pleonasmo. Por razones espacio no los  coloqué, y le prometí que hoy lo haría. Dispongo de un espacio de dos cuartillas, y por lo general escribo  entre  600 y 700 palabras, y al superar el tope, incurro en una falta que puede ser penalizada con la no publicación. La otra inquietud fue de Andrés Knobelsdorf, asiduo lector de Nuestro Idioma , a quien le ha generado dudas el vocablo  “dizque”, habida cuenta de que  en una ocasión lo usó y uno   de esos sabidillos y espontáneos del lenguaje ...

¡La redundancia no vale!

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¡la redundancia no vale!      Es frecuente oír a personas hablar de lo que no saben, por lo cual, en la mayoría de las veces dicen que cosas sin sentido, y en el peor de los casos, rayan en lo ridículo. Hay quienes aseguran que la Real Academia Española ha aceptado el uso de frases redundantes y pleonásticas, y en tal sentido, se puede hablar de “sube para arriba”, “baja para abajo”, “salte para afuera”, “vete para allá”. Eso se lo oí hace ya varios años a un cantante de música llanera en Guanarito, quien en un alarde de “erudición”, no se dio cuenta de la gran ridiculez en la que incurrió. Voy a hablarles entonces, de redundancia y pleonasmo; pero antes les anuncio que al taller de ortografía y redacción que he estado anunciando en esta columna, no se le ha fijado la fecha ni el costo, por lo que pido disculpas, toda vez que la semana pasada señalé que hoy daría el resto de los detalles. Es seguro que se llevará a cabo en abril en Acarigua-Araure, en la sed...