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Estadio, estadío y el género de países y ciudades

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Estadio, estadío y el género de países y ciudades         Muchas personas, por querer adornar la prosa y exhibir sus dotes de grandes oradoras, frecuentemente utilizan palabras con significado diferente del que registra el Drae (DLE), y a veces emplean algunas con acentuación inadecuada. El ejemplo más significativo está en el vocablo intervalo, que siendo llano, la mayoría lo utiliza como esdrújulo, como ocurría hace unos cuantos años, cuando había una cuña televisiva de una toalla sanitaria, lo cual constituía una burda deformación fonética, evidencia de supina ignorancia de los “creativos”  que la elaboraron, pues mientras se escuchaba la palabra mal acentuada, la misma aparecía escrita debidamente, sin acento esdrújulo. ¡Y no me digan que se hizo ex profeso, como un recurso publicitario, para llamar la atención, porque no es cierto!      Hoy voy a hablarles de la palabra  estadio, que al igual que intervalo, se pronu...

Lenguaje electoral y el verbo reforestar

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Lenguaje electoral y el verbo reforestar      Con motivo de la celebración del referéndum sobre la reforma del artículo 168 de la Constitución boliviana, que regula el número de mandatos consecutivos que puede permanecer un mismo presidente al frente del Gobierno, celebrado ayer en el país andino, voy a mencionar algunos vocablos que son propios de la jerga electoral y que por lo general son empleados de forma inadecuada. Antes de entrar en materia, debo admitir un gazapo que se coló la semana pasada en esta columna. Me referí a que no acostumbro utilizar palabras cuyo significado desconozco, a que no me gusta hablar de lo que no sé, y que cuando alguien me advierte un error, lo admito y agradezco el gesto de señalármelo. Sin querer, escribí “disque”, en lugar de dizque, y al día siguiente mi amigo el profesor José Vásquez Manzano, muy temprano en la mañana del lunes 15 de los corrientes, me dio un merecido “templón de orejas”, pues no es aceptable que en una co...

Concientizar y concienciar, otra vez

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Concientizar y concienciar, otra vez      Si alguien opina de lo que no sabe, corre el riesgo de quedar mal, pues por lo general la intención es mostrarse como un erudito,  y sus argumentos no resisten el más simple de los análisis. En materia de lenguaje existen los que sin haber leído ni siquiera una página del Drae, ahora llamado DLE, lo recomiendan como si fuesen asiduos lectores. Muchas veces se me ha tildado de sabelotodo; pero en realidad lo que soy es un simple aficionado del buen decir; pero defiendo con vehemencia mi punto de vista. En varias ocasiones he pecado de arrogante y prepotente; pero eso no es una generalidad, dado que los arrogantes y prepotentes no rectifican, no reconocen sus errores, y yo tengo el cuidado de pedir disculpas cuando por cualquier motivo en esta columna aparece algo inadecuado. Tengo la obligación moral de señalar y advertir las impropiedades lingüísticas, estén donde estén y al costo que sea, pues de no hacerlo ...

A propósito de una “emergencia humanitaria”

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A propósito de una “emergencia  humanitaria”      Existen palabras que resurgen cuando suceden eventos que obligan el uso, y tienden a desaparecer cuando se ha dejado de hablar de los mismos. Las catástrofes naturales o provocadas traen consigo situaciones dolorosas que por lo general llegan a la crisis, y es entonces cuando se pone en marcha una serie de acciones con la finalidad de aliviar los sufrimientos. En el Caribe y en América del Sur ha habido en los años más recientes hechos que han demandado la solidaridad internacional, dada la magnitud de los daños. Muy recordado ha sido el terremoto de  Haití, que como se sabe, es uno de los países más pobres del mundo. También están frescos en la memoria los ocurridos en Chile, nación considerada como de alto ingreso, en la que sus más de dieciocho millones de habitantes promedian índices de calidad de vida, crecimiento económico, desarrollo humano, globalización y PIB per cápita, que se encuentran ent...

Reflexiones del nuevo año

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Reflexiones del nuevo año      Comienza una nueva etapa de Nuestro Idioma, que como muchos saben, es un trabajo de divulgación periodística con más de veinte años de existencia. Es placentero saber que hay personas preocupadas por el buen decir, que lo  han  adoptado como manual de consulta para resolver situaciones de lenguaje, principalmente del utilizado en los medios de comunicación, en los que, desafortunadamente, abundan las impropiedades, por no decir otra cosa. Luego del acostumbrado receso de fin de año y de año nuevo, que siempre se prolonga por más de un mes, regreso  y doy mi agradecimiento a todas las personas e instituciones que durante dos décadas han dado muestras de solidaridad y han sido el motivo que me impulsa a seguir aportando soluciones en aras de una mejor forma de hablar y escribir, siempre bajo la óptica de alguien que no es catedrático, sino un apasionado por las cuestiones lingüísticas.      Hoy...

El auto fantasma y el facsímil

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El auto fantasma y el facsímil      A los que hemos recibido clases de redacción periodística, se nos ha enseñado que existen recomendaciones que han de tomarse en cuenta, en función de que  se cumpla el objetivo. La prosa periodística debe ser explícita, precisa, y no debe basarse en jergas de profesionales o de comunidades específicas. Debe evitarse el uso de términos poco comunes, cuando existan palabras coloquiales equivalentes, aunque a veces es necesario emplearlas para llamar las cosas por su nombre. En aras de facilitar la comprensión, la construcción gramatical que debe usarse es: sujeto-verbo-predicado. Existen redactores que apelan frecuentemente a términos y expresiones inusuales, y uno no termina de saber si lo que hacen es literatura o periodismo. También están los que los que siempre echan mano a las mismas palabras y formas. Cuando ocurre un hecho en el que una persona es arrollada por un vehículo cuyo conductor se da a la fuga, le echan...

¡Siempre es necesario insistir!

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¡Siempre es necesario insistir!      He perdido la cuenta de las veces que en esta columna he tocado el tema de los errores ortográficos más comunes,   y por ser un asunto del que siempre hay mucha que cortar, nunca está demás volver sobre él, de cuando en cuando. Hoy mostraré los casos que, a mi juicio, son los más frecuentes, sobre todo en la era de las redes sociales. Hay personas a las que les encanta escribir y emitir su opinión a través de Facebook, Twitter u otra red, lo cual no es cuestionable, pues para eso fueron creadas. Lo malo está en  que, en la mayoría de las veces, el contenido de esas opiniones está plagado de errores ortográficos. Lo más punible aun, es que los autores son  por lo general educadores, abogados, comunicadores sociales o estudiantes universitarios. Es justo reconocer  que al lado de los disparateros,  están los que sí se preocupan por escribir de forma apropiada, y de manera  regular difunden me...