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Mensajear, textear y algo de concordancia

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Mensajear, textear y algo de concordancia      Las palabras, lo he dicho muchas veces y hoy lo repito una vez más, se forman por la necesidad expresiva del pueblo hablante. Cuando surge una nueva tecnología, por lo general es necesario el empleo de giros  y expresiones que habrán de permitir el conocimiento sobre el funcionamiento y el uso. Aparecen los llamados neologismos, que no son otra cosa que nuevos vocablos, formados por derivación, composición u otra modalidad. Estos se mantienen mientras el inexorable paso del tiempo no haya traído consigo nuevos recursos y elementos de uso. En los años finales de la década de los ochenta se puso de moda el fax, un sistema de copiado y envío a distancia mediante el hilo telefónico. Inmediatamente apareció el verbo faxear, con el que se describía la acción de enviar comunicaciones por ese aparato, muy novedoso para la época. Cayó en desuso y por el ende, el mencionado verbo desapareció. Con la invención del teléfon...

De la Liga de Campeones y sus derivados

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De la Liga de Campeones y sus derivados Al colega Manuel J. Díaz      Para escribir esta nota esperé por el resultado del tan esperado encuentro entre el Real Madrid y la Juventus de Turín, para así expresar mi satisfacción por el triunfo del conjunto ibérico, que hoy por hoy es uno de los mejores del fútbol de España y de Europa, aunque los aficionados y fanáticos del Barcelona digan lo contrario. No siento motivación por el balompié de clubes; pero me gusta el equipo merengue, y estoy feliz por su nueva conquista. Quienes son mis amigos cercarnos, saben de mi pasión por la selección argentina, de la que me hice seguidor luego de haberse titulado campeona en su casa, en 1978.      Es prudente destacar que el fanatismo o afición en lo deportivo, cuando son auténticos, implican estar desligados de cualquier familiaridad, afinidad, cercanía territorial u otro aspecto vinculante. No porque Tomás Rincón milite en la Juventus, yo debo ir...

El verbo emanar y Estados Unidos

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29-5-2017 El verbo emanar y Estados Unidos      Siempre que puedo, y por muy sencilla que sea la solución, trato de satisfacer las inquietudes que de forma regular recibo en mi buzón de correo electrónico. En la mayoría de los casos son planteamientos que reflejan sapiencia e interés por las cuestiones del lenguaje, lo cual, como es natural, me produce satisfacción y me impulsa a mantener este trabajo de divulgación periodística no ha sido en vano, al tiempo que me facilita la selección de los temas; pero ha habido ocasiones en las que los remitentes solo buscan que se les dé la razón sobre algo, generalmente basado en un excesivo purismo que no resiste el más simple de los análisis, o en el peor de los casos, plagado de incongruencias. También he recibido misivas con asuntos que muy fácilmente el consultante pudiera haber resuelto si hubiese echado mano de un diccionario, por muy elemental que este sea. No ha habido discriminación,  aunque varias ha...

Desafortunadamente y maestrante

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22-05-2017 Desafortunadamente y maestrante       Muchas personas, de manera ingenua quizás, piensan que la Real Academia Española está investida de autoridad para permitir o rechazar el uso de palabras. Habrá quienes a lo mejor se imaginan que los miembros de la docta institución se reúnen en un recinto parecido al que usan en el Vaticano para elegir al papa, para crear vocablos, como si eso es algo que se logra mediante el acuerdo de un grupo de personas o por un decreto. El creador es el pueblo hablante, que las inventa de acuerdo con sus necesidades expresivas, y la Real Academia Española lo que hace es plasmarlas en las páginas de su diccionario. Eso, desde luego, no implica que la función del referido cuerpo colegiado no sea importante; pero atribuirle autoridad, dista mucho de lo que es su verdadera función. En todos los ámbitos de la vida cotidiana es frecuente oír que tal o cual vocablo no se puede usar porque no aparece en el diccionario. ...

¡Habemos personas!

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¡Habemos personas!        Es justo reconocer que hoy día hay mayor interés por mejorar el lenguaje oral y escrito, lo cual se evidencia en la existencia en los medios de comunicación, de publicaciones destinadas a aportar soluciones sobre los casos en los que más se presentan dificultades a la hora de escribir cualquier texto. Me complace que a la luz de muchas situaciones planteadas en esta columna, varias también hayan sido las personas que han adquirido facilidad en el manejo de la expresión oral y escrita. Por vía de correo electrónico, Nuestro Idioma llega a más de quinientas, en su mayoría profesionales cuya ocupación habitual es el lenguaje articulado, vale decir periodistas, columnistas, articulistas, locutores, animadores, maestros de ceremonia, docentes, abogados e ingenieros, entre otros. En Facebook y Twitter aparecen muchas publicaciones que de manera sencilla explican el uso y el mal uso de palabras y expresiones, con base en los casos que ...

Donde y en base a

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Donde y en base a      El inmenso poder inductivo que ejercen los medios de comunicación social, hace que todo lo que en ellos se diga o se escriba, mal o bien, se arraigue en el vocabulario. Desafortunadamente, se impone lo malo y hasta se ponen de moda palabras y expresiones que no solo son errores, sino verdaderos disparates, cuyos autores muchas veces son personas a las que siempre se las ha tenido como cultas e instruidas. En la amplia gama de disparateros figuran periodistas, locutores  y publicistas, que por lo general, al margen de tales deslices, manejan con relativa facilidad el lenguaje oral y escrito, lo cual hace que estos (los deslices) sean inaceptables. Y no es que se pretenda que periodistas, locutores, publicistas y demás miembros de la familia de comunicadores de masas no deban equivocarse, pues son humanos, sino que  su oficio les dicta la obligación moral de ejercerlo de manera eficiente y eficaz. Les hablaré entonces, del uso ...

¿Dónde lleva la tilde? (y II)

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  ¿Dónde lleva la tilde? (y II)      La semana pasada comencé una serie de dos artículos dedicados a las palabras por la índole de la entonación, habida cuenta que de todavía se incurre en muchas impropiedades, aun cuando es un asunto relativamente fácil. Hice énfasis en establecer la diferencia entre acento y tilde, que a mi modo de ver, es una de las razones por las que abundan las palabras que por  desconocimiento no se tildan, o en el peor de los casos, se les coloca el símbolo gráfico cuando no han de llevarlo. A manera de repaso, les muestro el típico el caso de Nelsón, cantarón, estuvierón, vinierón y otras palabras de la misma terminación, a las que muchos les colocan una tilde que no deben llevar, por ser graves, es decir, su sílaba tónica es la penúltima. No son ejemplos arbitrarios ni inventados por mí, sino que los he visto en correspondencias oficiales y comerciales, pese a que los procesadores de palabras permiten la opción de la rev...